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domingo, 23 de febrero de 2014

Bailarines incluirán la danza y traje de los Weenhayek en el Carnaval Oruro 2014

La fraternidad de danzarines Tobas Sud incorporará la danza y traje típico de la cultura Weenhayek en la entrada del Carnaval de Oruro, como una forma de preservar la cultura y patrimonio de Bolivia.

La coreógrafa y diseñadora de ropa, Victoria Abril, informó que la fraternidad Tobas Sud, que bailará en el Carnaval de Oruro, incorporará este año los trajes y la danza típica de la cultura Weenhayek, que significa Los Diferentes.

Abril es la impulsora de este proyecto e invitó a las personas a unirse a este bloque.  "Para la nación se convierte en un imperativo utilizar la vestimenta realizada por los propios artesanos Weenhayek, para protegerla como patrimonio cultural y evitar que en un futuro se desvirtúe la esencia de sus tejidos y de los accesorios propios de su milenaria tradición", sostuvo.

La diseñadora indicó que los trajes están diseñados en base a los materiales típicos de la región donde habitan los Weenhayek, es decir, en la provincia Gran Chaco de Tarija. Por ejemplo, señaló que la ropa del varón está elaborada de caraguata —planta herbácea, también conocida como chaguar—, pedazos de concha y plumas de ñandú.

Abril explicó que otro aspecto esencial de la vestimenta Weenhayek es la pintura que se utiliza en el rostro, la cual recalcó que no se utiliza de manera discrecional y que cada trazo tiene un significado. En ese sentido, destacó dos máscaras básicas: la primera de defensa y la segunda de fiesta.

La impulsora del proyecto también detalló que los collares y otros accesorios típicos en la vestimenta de la mujer Weenhayek están hechos con semillas propias de la región del chaco boliviano. Esto, aseveró, también es una forma de preservar el diseño de los trajes originales y evitar que la forma original de los trajes cambie con el tiempo.

ANF

sábado, 29 de diciembre de 2012

Publican las "Quince Novelas Fundamentales" bolivianas

El Gobierno presentó hoy la primera edición de las "Quince Novelas Fundamentales", seleccionadas por académicos y escritores en reuniones organizadas por el ministerio de Culturas y que fueron publicadas con ayuda de la Agencia de Cooperación Española para el Desarrollo (AECID).

La colección fue entregada por el ministro de Culturas, Pablo Groux, que destacó el trabajo del comité editorial a cargo de la selección y publicación de las obras, además del respaldo que dieron la AECID, la editorial española Santillana y Plural, La Hoguera y Editorial Juventud.

Según Groux, estas novelas fueron elegidas porque "sustentan una perspectiva particular sobre lo universal" tanto por su "valor estilístico y formal, como por su contenido acerca de lo social".

Se trata de los libros "Historia de la Villa Imperial de Potosí", de Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela; "Juan de la Rosa", de Nataniel Aguirre; "Íntimas", de Adela Zamudio; "Raza de bronce", de Alcides Arguedas; "Aluvión de fuego", de Óscar Cerruto; "La Virgen de las Siete Calles", de Alfredo Flores.

También son parte de la colección "La Chaskañawi", de Carlos Medinaceli; "Los deshabitados", de Marcelo Quiroga Santa Cruz; "El Loco", de Arturo Borda; "Tirinea", de Jesús Urzagasti; "Matías, el apóstol suplente", de Julio de la Vega.

Completan la selección "Felipe Delgado", de Jaime Saenz; "El otro gallo", de Jorge Suárez; "El run run de la calavera", de Ramón Rocha Monroy y "Jonás y la ballena rosada", de Wolfango Montes Vannuci.

El proceso comenzó en 2009, en la primera gestión de Groux al frente del ministerio de Culturas, con la selección de las obras.

En una segunda etapa, las novelas fueron revisadas por el comité editorial y la carrera de Literatura de la estatal Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), con el respaldo de la AECID.

Todos los libros llevan una misma presentación del ministerio de Culturas y una introducción escrita por el literato Guillermo Mariaca, además de un estudio introductorio encargado a diferentes investigadores para cada obra.

El ministerio de Culturas pagó poco más de 11.000 dólares por la cesión de derechos de autor y los estudios introductorios y 45.100 por la impresión de 11 de las novelas, mientras que la AECID financió con unos 23.600 la publicación de las cuatro restantes.

El primer tiraje, consistente en mil copias de cada obra, será distribuido entre las autoridades nacionales y regionales, parlamentarios, magistrados del órgano judicial, embajadores acreditados en Bolivia, legaciones bolivianas en el exterior, periodistas, universidades y sindicatos, entre otros.
EFE

domingo, 23 de diciembre de 2012

Moxos se consagra como capital mundial de cultura


San Ignacio de Moxos vivió una fiesta. Ayer, desde las 11:00, medio pueblo se apiñó afuera del Cabildo Indígena Moxeño para recibir, del presidente Evo Morales, la declaratoria de su fiesta patronal mestiza, la Ichapekene Piesta, reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

Bajo el abrasador sol del verano beniano, pobladores, 14 grupos folclóricos y autoridades indígenas y de Gobierno, festejaron con la música autóctona de Cirilo Yaca, pues esta tierra es sede de un evento cultural de interés mundial.

San Ignacio de Moxos ya no solo es la capital del folclore de Beni, sino que con el reconocimiento se consagra como capital cultural mundial con potencial turístico, debido a que la declaratoria implica el compromiso de la Unesco y del Estado boliviano de invertir recursos para presevar y promover su valor patrimonial.

La Ichapekene Piesta o ‘fiesta grande’ es la fiesta patronal que se celebra en Moxos entre julio y agosto de cada año, con  su clímax el 31 de julio. La celebración es una mezcla de música, baile, máscaras y vestimentas nativas en las que, desde hace 323 años, se recuerda el triunfo de San Ignacio de Loyola sobre los “pueblos bárbaros y sus creencias, con ayuda de espíritus de ancestrales moxeños”, explica la historiadora Beatriz Loza, que presentó la festividad ante la Unesco.

Creencias nativas y religiosas

Para el presidente Morales, el reconocimiento es parte de los resultados de la política de descolonización del país y de recuperación de la identidad. Sin embargo, la celebración es una expresión de la fusión del cristianismo con las creencias moxeñas, en el periodo colonial.

El presidente Morales; el canciller David Choquehuanca; el ministro de Culturas, Pablo Groux; y el gobernador de Beni, Haisen Ribera, hablaron de la importancia de conservar la cultura originaria y del valor del Cabildo Indígena Moxeño por mantener viva su tradición.

“Beni será reconocido en el mundo por esta fiesta y el mérito es del Cabildo Indígena”, reconoció el jefe de Estado, que para la ocasión se vistió de machetero y de abuelo achu. El subgobernador de Beni, Sixto Bejarano, demandó recursos del Estado para Moxos para que a partir de su fiesta patronal se pueda impulsar la oferta de servicios turísticos y de hotelería en el pueblo.

En la actualidad, San Ignacio de Moxos es una población rural pequeña, donde alrededor del 90% de los habitantes se identifican como indígenas moxeños, según autoridades locales, y donde hay ocho recintos de hospedaje, entre residenciales y hoteles modestos, cuya oferta requiere inversiones para albergar visitantes nacionales y extranjeros.

Macheteros, toritos y achus, mamas y tatas, muñecos de Juana y Juan Tacora, todos los colores, máscaras y tradiciones moxeñas se manifestaron, luego de la recepción de una plaqueta de reconocimiento a la Ichapekene Piesta como patrimonio por Ignacio Apaza, corregidor electo de San Ignacio. La jornada cerró después de las 13:00, con una olla común en el Cabildo Indígena.

Los achus cautivaron a la Unesco

Carmen Beatriz Loza / EXPUSO EN LA UNESCO

L a Ichapekene Piesta moxeña es la remembranza de la batalla de San Ignacio de Loyola en contra de indígenas bárbaros hostiles y de sus creencias. Celebra la victoria del cristianismo que profesó San Ignacio con ayuda de espíritus ancestrales, los achus.

Es anual. Sus preparativos se inician en mayo y se desarrolla a fines de julio, entre el 29 y el 31. En la fiesta los indígenas moxeños recuerdan cómo, al lado de los animales y de la naturaleza, con ayuda de espíritus ancestrales, construyeron su pueblo bajo la enseñanza del cristianismo introducido por San Ignacio, hoy el santo patrono de Moxos.

Es una manifestación de sincretismo entre lo occidental y lo indígena, que incluye religiosidad y festejo. Tiene ya 323 años de celebración. Lo que más influyó al Comité Intergubernamental para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco fue el papel de los achus. La leyenda de esos espíritus ancestrales que se cree que vinieron a la tierra para enseñar a las personas a sonreír y a vivir en armonía con la naturaleza.

La procesión principal comprende 48 grupos de danzantes disfrazados con las máscaras de sus ancestros y de animales del bosque y las aguas, subrayando la importancia del respeto a la naturaleza.

Los bailarines bromean y danzan al son de la música barroca de las misiones jesuíticas; cerca a la medianoche, los petardos y fuegos artificiales salen de los bordes de los sombreros, simbolizando el don de la luz y de la clarividencia para vivir en respeto

VOCES DE LA GRAN SATISFACCIÓN    

Lucio Nolvani (36), vecino
Hemos demostrado el valor de la fiesta de nuestro pueblo. Hoy solo salieron la mitad de los 34 conjuntos de macheteros, achus y toritos que bailan cuando es la Ichapekene Piesta en julio. Lo mejor de todo esto es que se va a generar más trabajo para la gente porque seguramente se apostará al turismo en San Ignacio de Moxos. Por donde se lo vea, son buenas noticias.

Julio Charimo (74) Tata Cabildo
Soy indígena moxeño, hijo legítimo del pueblo y no sé cómo explicar el orgullo que me da que mi pueblo tenga una fiesta reconocida como patrimonio cultural del mundo. Estaba triste porque veía que la cultura moxeña se estaba perdiendo en Beni, pero con el reconocimiento la cosa cambia. El Gobierno va a tener que poner plata para cuidar nuestra cultura.

Rosario Malale (46), vecina
Lo importante es que nuestra cultura y nuestra lengua moxeña, con la declaratoria de patrimonio de la humanidad, van a poder ser rescatadas. Por lo que veo, este rescate de las culturas no solo va ser en Beni, sino en todo el país. Ya era hora de que le digamos la verdad al mundo, de que hay hartos indígenas en Bolivia, que tenemos nuestra propia cultura que es valiosa.
El Deber

 
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